sábado, 17 de abril de 2010

Ya que estamos...










viernes, 2 de abril de 2010

Una escenita




Lalamatic

ESCENA XVIII

FERELUX.- Eso que se arrastra, ¿es una araña o una vinagrera?

TILMENA.- Es un conejillo, el más pequeño de la familia, también poeta trágico.

FERELUX.- ¡Madre feliz de tan hermosa criatura! ¡Qué banda de enemigos! El gran canalla acaba de soltar junto a mis narices un eructo que apesta a queso. Fuerza es que me bata con ellos. Preparad la salmuera, por si salgo vencedor.

TILMENA.- ¡Buena suerte, Ferelux! Se desenrolla de su capa, prueba que lleve atado los botines, rasca el piso con la punta de un acero. Si escuchas su rayo: ¡date por muerto! Ese es mi Ferelux, el verdugo de la sabandija.

FERELUX (volviendo).- Lo dormí de un palmetazo. En prenda de mi gallardía te obsequio este agujero.

TILMENA.- Quiéreme, corazoncito mío, y déjate de charla.






texto enviado por Sebastián Bianchi para estas fotos. Para más información y dibujos, visitar www.poemas-inc.blogspot.com


domingo, 29 de noviembre de 2009





43

Los sapos surgen de la nada,
de la inexplorada nada,
que, sin tener nada,
echa sobre la tierra tantas cosas.
Pero, los sapos tienen toda la gracia,
su piel es fría, su piel es tibia,
los colores se mezclan inexorablemente,
van del gris, al verde, al azul, al negro,
a veces, hacia un celeste casi infinito,
o la espalda es anaranjada y moteada
como el curvo lomo de un hongo.
Tienen la lengua, larga como una víbora,
pero, se comen a los hijos de la mariposa
y a los huevos de la víbora.
A veces, un capullo amarillo
se les agarra de la espalda,
como una pequeña jazmina.
Viven bajo las hojas amparadoras
de los malvones y los paraguas,
por las calles donde las niñas
regresan de la escuela
bajo las siete lluvias del iris.
Cuando llamé vino uno solo,
todo gris,
plateado y bordado
como un mapa,
en la frente traía una patente,
un brillante,
éste venía con una perla,
cruzó la casa,
subió a la cama, saltó a la mesa,
escuchó las conversaciones de las tías y de las abuelas,
que, siempre, hablan al revés,
o cambiando una sílaba,
y vio otras cosas raras
que sólo sucedían en esta casa.
Pero, se fue,
desde nuestros ojos,
saltó otra vez, a la encantada lluvia,
que dibujaba cosas absurdas,
liebres y madonas en la pared.


Marosa di Giorgio, Los Papeles Salvajes. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2008, pág. 201-202

domingo, 15 de noviembre de 2009


Pío y sus hermanos





El pollito Pío era el último de cinco hermanitos. Su mamá era una gallina bataraza de color blanco con pintitas negras. Tenía el pico de color anaranjado y una cresta roja como una frutilla.
Pío vivía con su mamá y sus hermanitos en el gallinero de la granja del señor Félix. En la granja había muchos animales: tres caballos, cuatro vacas, y cinco chanchos. Los caballos dormían en la caballeriza. Las vacas y los terneritos en el corral. Los chanchos en la porqueriza, y las gallinas en el gallinero. Las gallinas dormían en sus nidos con sus pollitos. El gallo dormía arriba del palo más alto, para cuidar que no entrara ninguna comadreja.

Un día, las hojas de los árboles se empezaron a caer, y llegó el invierno. Entonces el Pollito Pío tuvo frío, y quiso más lugar en el nido. Pollito Pío le dijo a su primer hermano:

-Pío, pío, tengo frío.

-Pío, pío, este nido es mío, le respondió él.

Entonces Pío cerró los ojos y empezó a imaginar que era verano, y hacía mucho calor, y había sol y los árboles estaban verdes, y se durmió y no tuvo frío.

Al despertarse, tuvo hambre. Entonces vio que su segundo hermano estaba comiendo maíz, y le dijo:

-Pío, Pío, tengo hambre.

-Pío, pío, este maíz es mío, le respondió su segundo hermano.

Entonces Pío empezó a caminar por el gallinero buscando maíces perdidos, y caminó y caminó hasta que encontró muchos maices chiquititos, y se los comió y ya no tuvo hambre.

Al día siguiente llegó Ana, la hija del señor Félix. Ana era una chica muy buena, usaba una trenza negra muy larga, y un delantal azul, y en la mano derecha tenía un anillo de oro con un brillante. Ana buscó los huevos y los guardó en el bolsillo de su delantal y dejó un plato de agua.

Entonces Pío tuvo sed. Se acercó al plato a tomar agua, pero allí estaba su tercer hermanito, que lo miró y dijo:

-Pío, pío, este plato es mío. Y se tomó todo el agua, y ya no quedó agua.

Pío, que era muy astuto tuvo una idea. Vio que del otro lado del cerco Ana estaba regando las plantas, entonces se puso a saltar, diciendo tengo sed, tengo sed. Saltó y saltó, y Ana lo vió y con la regadera echó una lluvia de agua cerca del gallinero y Pío tomó agua muy fresca y ya no tuvo sed.

A la tarde, Ana vino a ordenar el gallinero. Barrió con una escoba las cuatro esquinas, cambió la paja de los nidos y puso alimento en varios platos. Mientras limpiaba, sin que se diera cuenta, el anillo de oro se cayó al suelo. Pío lo vio, y fue corriendo a buscarlo, pero el cuarto hermano, que estaba muy cerca, lo agarró de la cola y le dijo:

-Pío, pío, este anillo es mío.

Pío, que era muy muy astuto, tuvo un plan. Bostezó y dijo que tenía sueño, y fue al nido a hacer como que dormía la siesta. Pero en realidad no estaba durmiendo, estaba miando con un solo ojo lo que hacía su hermano. Su hermano jugó un rato con el anillo, porque a lo pollitos les gustan mucho las cosas brillantes, y al rato se aburrió, y se durmió. Pío esperó un buen rato, hasta que todos los pollitos y gallinas se durmieron, y fue despacito y le sacó el anillo, y lo escondió entre las plumas de la panza.

Cuando se despertó, buscó el anillo y no lo encontró por ninguna parte. Se sentía un poco raro, y cuando sus hermanos y su madre lo vieron se sorprendieron mucho. Y el primer hermano le dijo:

-Pío, ¿qué te pasa?!! Estás brillante.

-Es porque tengo calor, le respondió Pío.

Y el segundo hermano le dijo:

-Estás de color dorado.

-Es porque comí mucho maíz, el respondió él.

Y el tercer hermano le dijo:

-Tu pancita está redonda.

-Es porque tomé mucha agua, le respondió.

Y el cuarto hermano, que estaba muy enojado le dijo:

-¿Dónde está el anillo? ¡Vos me lo sacaste!

-Yo no fui, respondió Pío, y levantó sus alitas para mostrar que no tenía nada.

Ese día era el cumpleaños de Ana. El señor Félix había invitado a toda la familia a festejar que ella cumplía nueve años.

Voy a necesitar mucha comida para toda la familia, pensó. Entonces mandó a Ana a buscar unos cuantos pollos. No importa que sean chiquitos, traelos igual, le dijo. Y algo más. No vayas a perder el anillo que te regalé. No papá, le respondió Ana, y se fue al gallinero muy triste, pensando que si su papá se enteraba de que había perdido el anillo se iba a enojar.

Por eso, lo primero que hizo Ana fue buscar su anillo en el gallinero, y buscó en una esquina, y buscó en otra, pero no lo encontraba. Pío vio que ella estaba muy triste. Entonces se acercó y empezó a saltar. Y saltó y saltó hasta que de su pancita empezó a salir un tintineo. Ana lo miró fijamente y empezó a escuchar. Clink, clink, clink, hacía la pancita de Pío. Clink, clink, clink. Tanto le llamó la atención a Ana que agarró a Pío de la pancita, y al hacerlo, la alita de Pío se abrió como una cajita y ahí apareció el anillo.

Ana se sintió muy contenta y continuó con su tarea. Sacó una bolsa de arpillera muy grande y metió adentro a los cuatro hermanitos de Pío. Pero a Pío lo dejó aparte, adentro del bolsillo de su delantal, y lo llevó a su cuarto.
Desde entonces Pío vive allá, en la repisa de Ana. Todos los días, cuando Ana va a trabajar al gallinero, se saca el anillo y Pío se queda cuidándolo hasta que ella vuelve.





Envío especial de Inés Acevedo para Inventario. Gracias!

lunes, 2 de noviembre de 2009

Hola gatita






Escribir poesía es estar donde vos no estás.

Es no estar haciendo lo que desearía hacer.

Tal vez algún día,

Esta poesía esté donde yo no.

Y yo esté sentada en otro lado

donde sí quería estar cuando la escribo.

Estoy haciendo todo lo que no quiero

pero es la manera de estar lo más cerca de lo que quiero.

Es así,

el arte nunca está donde yo quiero estar.

Cuando estoy donde quiero

él está lejos,

guardado.




poema Fernanda Laguna


objeto: Lata traída de China. Cuando se le sacan las tapas y se la riega, parece que crece una planta y en una hoja hay un mensaje escrito en chino que dice: feliz cumpleaños! (por ahora esta en la vitrina).


sábado, 10 de octubre de 2009


La gallina

Mi ventana se abría hacia el jardín
como a una fresca prehistoria. Estaba allí
gallarda señora, de moteada pluma nerviosa
abultando el pecho hacia el sol, como un posible
lenguaje orgulloso: una gracia personal en un carácter,
paseando la certeza de la especie, picoteando
semillas, cáscaras, gusanos, regida
por la orientación instantánea de sus ojos.
Y de pronto una ráfaga fría paralizó
en un rápido pánico su ardiente cabeza:
y la noción del cambio
fue un oscuro dolor en su aterrado cerebro.
Entonces le transferí
los deseos de un universo estable
lo bastante iluminado para seguir comiendo:
un ritmo puntual que desmintiera
mi humillada respiración detrás del vidrio,
el triste conocimiento de la pérdida.







Joaquín O. Giannuzzi, Obra Poética, Emecé, 2000.

miércoles, 23 de septiembre de 2009


9
y otra vez fuiste una mariposa
de grandes alas escarlatas
oh y en las siestas estallantes
tus ojos eran rogativas
y yo cazaba en los cerrillos
animales de frentes tristes
para que soltaran los fogones
chillantes flores coloradas
chisporroteaban en las cavernas
los tremolantes corazones
otra vez fuiste un chamal blanco
sobre mi pecho con cicatrices
fuísteme un beso neblinoso
una centella desgranándote
oh y en la lengua de la tribu
hablabas tímida con el cielo
y ahora estás entretornada
y largo estoy ensusurrándote
piedras azules pasan volando
y en lo entreoscuro somos polen







j.c. bustriazo ortiz, unca bermeja, 1973. Editado por la Extensión Cultural de la UNLPam en 1984. Gracias a Cabono Proyecto por mandarme el material en el 2005.

lunes, 24 de agosto de 2009

Farfalla



Mariposa

Ciertamente, entonces, sonreíste,
como quien emprende un viaje por algún lugar,
alejada de mí, y sin embargo más cerca,
como para grabar tu imagen en mis ojos.

No te olvido, tú, de púrpura,
alta, erguida,
tembloroso tu cuerpo todo bajo los suaves rayos
como una mariposa suspirando.

Sólo alrededor del sitio donde estabas
los árboles en flor se aquietaron, se hicieron trasparentes
y alejaron la ciudad del polvo y las multitudes.

Ciertamente, entonces sonreíste.
Desde ese instante permanezco inmóvil y maravillado,
tratando de recordarte con aquella sonrisa.




Ando Ichiro

Alberto Girri, Versiones, Corregidor, 1974






Marzo - Abril

De la mano de quien
el verano se fue y su fiesta
de mariposas sobre charcos.
Detrás de una nube, polvoriento
maduró la vuelta hasta atontarse
un vaho de moras y de mosto.
A campo traviesa sábanas de lino
se desperezan del olor celeste
y el verano hoy no es más
que una borrachera corta.
Estampado al borde de los labios.



Elisa M. Salzmann, La Pendiente, Ediciones del Dock, 1993






viernes, 21 de agosto de 2009



Dos patos

Sobre el sonido de dos patos que suben
en su vuelo hacia el caos, en la tormenta,
con las cuerdas de un navío que tensan
los tonos de una voz.
Hermosos, amarillos, débiles a la luz del sol.
Quien fuma mientras pasan traslúcidos:
los comparamos con el dorso de unas manos.
Podemos quedarnos acá todo el día, verlos
pasar como una percepción cambiante
que la luz nos regala de uno en uno.
Cruzan el sol, espejean, quedan como restos
después de tapar la luz por un segundo.
Serán plumas. Calcinadas y azules.
Partículas de huesos y filo de picos llegando
hasta nosotros sin decirnos nada especial.
Porque así era fijarse en la línea del horizonte
donde las señales se hacían más débiles.
Y en nuestra mente se iban grabando unos reflejos.
Lentos, azucarados. Como lomos de libros
en un invernadero. A veces en su vuelo
traían la variación de un mismo tema.
Pero las estaciones pasaron y el lomo de esos patos
quedó como un secreto.
Porque mirarlos también era detenerse,
ver surgir los materiales descentrados
donde una idea del mundo persistía.







Francisco Garamona, Una escuela de la mente, Eloísa Cartonera, 2004

sábado, 15 de agosto de 2009

Apareció otro




La observación, como centro.
La invención, como testimonio objetivo del trabajo.
La aptitud para mirar, como capital en la actividad de la imaginación.




Alberto Girri, Notas sobre la experiencia poética, Losada, 1983

miércoles, 12 de agosto de 2009

Una vez encerré a uno en una caja















There was an Old Person whose habits,
Induced him to feed upon rabbits;
When he'd eaten eighteen,
He turned perfectly green,
Upon which he relinquished those habits.





The Complete Nonsense of Edward Lear, Dover Publications, 1951



Había un viejo que tenía el puntillo

de cebarse de conejillo;

cuando hubo tragado ciento,

Volviósele la cara color peciento,

y entonces abandonó aquel su puntillo.



Edward Lear, Disparatario, Tusquets, 1984



Había un viejo cuyos hábitos lo inducían a alimentarse de conejos; cuando hubo comido dieciocho se volvió perfectamente verde, tras lo cual renunció a esos hábitos.


Cesar Aira, Edward Lear, Beatriz Viterbo, 2004


lunes, 10 de agosto de 2009

Manual de autoayuda





Ponete a leer. No importa si tenés que pasar la máquina por las alfombras o si tenés que limpiar los vidrios del living, del cuarto y del escritorio. Vos ponete a leer. Dejá para otro momento la necesidad de ir al supermercado a comprar desodorante, queso blanco, un pan lactal y alguna gaseosa. Lo que leas hoy no lo vas a leer nunca. Si tenés que ir a trabajar, no te olvides de llevar un libro con vos: abrilo en el colectivo aunque viajes de pie, aunque vayas cabeceando por el sueño. Al mediodía, cuando salgas a comer, poné el libro a la izquierda del plato, y que te sea indiferente si la comida se enfría. Postergá todos los compromisos que tengas para la noche; pasalos para el fin de semana. No vayas al teatro, ni a oir ningún concierto. Ni que hablar de ir al cine. Si alguien quiere charlar con vos por teléfono, que sea en otro momento. No importa cuándo. Lo que importa es que no sea ahora.
Ahora lo único que importa es leer.




Ezequiel Alemián, Me gustaría ser un animal, Siesta, 2003

sábado, 8 de agosto de 2009

Un libro lleno de pájaros






Diáfano después de la lluvia

Otoño, filos nubosos en el horizonte.
El viento del oeste sopla desde mil kilómetros.
Amanecer, en el aire de la mañana clara,
granjeros ocupados luego de la larga lluvia.
Los árboles del desierto echan sus pocas hojas verdes.
Las peras de la montaña son pequeñas pero están
maduras.
Una flauta tártara suena en la entrada a la ciudad.
Un solitario ganso salvaje asciende hacia el espacio.







Viento del sur

Los días se dilatan, las montañas
lucen. El viento sur sopla
en las paredes florecientes.
Golondrinas recién llegadas revolotean
sobre los pantanos humeantes.
Parejas de patos se adormecen en la arena tibia.




Tu Fu, La luna brilla fría sobre los huesos blancos, versiones de Daniel Durand, Colección Chapita, 2008

miércoles, 5 de agosto de 2009







Descendiente de Eduardo L Holmberg. Ver más comics.

jueves, 23 de julio de 2009

Encontré cuatro gatos encerrados en la vitrina